Si hay algo para lo que soy buena es para convencerme de algo. Me puedo proporcionar cualquier cantidad de argumentos para justificar una u otra decisión. Me repito tanto una mentira que llego a convertirla en verdad.
La última es que quiero alimposible de amigo. Sólo de amigo.
Claro que después de casi un mes de no verlo ando muy echadita pa' delante y digo que sí, que claro, que lo mejor es que seamos sólo amigos, que no lo tolero cuando se pone idiota, que hasta eso que no me gusta tanto... pues guapo guapo guapo no es.
Quizás se deba a que no quiero estar inthemiddleofnowhere, que prefiero convencerme de que no lo necesito a estar con una interminable espera porque también resulta que soy muy gallina para preguntarle directamente qué es lo que quiere.
En realidad me contesto que ya se lo que me va a decir y como soy muy susceptible al rechazo pues mejor me evito la pena de arriesgarme a decirle que me gustaría que me hiciera pedacitos y me pusiera al sol para volverme de arena y de una buena vez por todas me lleve el viento y me riegue por donde le de la gana.
Esos ánimos suicidas nunca han sido buenos -para mi, claro está- por eso aplico la autoterapia de convencimiento, para que cada vez que abra ese cajón en donde guardo tus notas, o vea las fotos en las que salimos juntos, los observe un momento y regrese a lo que hacía sin permitirme ninguna otra emoción.
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