Cerraste la puerta y supe que no te volvería a ver. Me equivoqué y te encontré en el centro comercial dos semanas después. Me saludaste con toda cortesía y propiedad. Yo sentía como si la ropa que llevara puesta fuera 3 tallas más chica y no sabía ni para dónde moverme. Notaste mi prisa y me dijiste que llamarías para ponernos al tanto. Supuse que era una de esas promesas que se hace la gente por compromiso.
También me equivoqué.
Me buscaste unos días después y me sentí tan bien como antes. Curiosamente, y como no había previsto, terminábamos siendo amigos. Durante los siguientes años nos frecuentamos. Fingimos perfectamente ser los mejores amigos hasta que un buen día aparecieron en mi cabeza todos los pensamientos y emociones que no te dije esa noche: grité a todo pulmón que eras un cobarde y te dejé parado como un idiota, como si no entendieras lo que estaba ocurriendo. Caminé, salí y no cerré la puerta. Oí tus pasos y tu voz desvaneciéndose a la distancia. Eso bastó.
¿Serán capaces de amor?
Hace 8 años