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Despedida

miércoles, 20 de agosto de 2014

Cerraste la puerta y supe que no te volvería a ver. Me equivoqué y te encontré en el centro comercial dos semanas después. Me saludaste con toda cortesía y propiedad. Yo sentía como si la ropa que llevara puesta fuera 3 tallas más chica y no sabía ni para dónde moverme. Notaste mi prisa y me dijiste que llamarías para ponernos al tanto. Supuse que era una de esas promesas que se hace la gente por compromiso.

También me equivoqué.

Me buscaste unos días después y me sentí tan bien como antes. Curiosamente, y como no había previsto, terminábamos siendo amigos. Durante los siguientes años nos frecuentamos. Fingimos perfectamente ser los mejores amigos hasta que un buen día aparecieron en mi cabeza todos los pensamientos y emociones que no te dije esa noche: grité a todo pulmón que eras un cobarde y te dejé parado como un idiota, como si no entendieras lo que estaba ocurriendo. Caminé, salí y no cerré la puerta. Oí tus pasos y tu voz desvaneciéndose a la distancia. Eso bastó.

Nostalgias que duran una canción

lunes, 2 de diciembre de 2013



Mientras escuchaba summertime sadness Mónica sintió nostalgia.

Aunque ni era verano, ni era tristeza, se dio unos segundos para recordarlo. Tuvo unas repentinas ganas de cantar a gritos: kiss me hard before you go... pero se limitó. Los pequeños cubículos del banco en el que trabajaba no le permitirían tales desplantes emotivos.

Algunos días lo veía pasar cada diez minutos oculto en cualquier persona, y era un color, una textura, una forma de caminar y hasta un gesto desconocido lo que la llevaba de vuelta esa casa abrazadora y a un extraño sentimiento de paz.

Terminó la canción.

Mónica regresó a una pantalla repleta de números.

Fantasías de venganza

viernes, 10 de mayo de 2013

Azotó la puerta. Era de noche y el farol que alumbraba la calle estaba apagado. Las luces de los interiores de las casas se asomaban tímidamente.
Caminó a prisa como queriendo escapar. Sentía que un líquido viscoso y caliente le subía desde el estómago a la boca, percibía un ligero zumbido en sus oídos y una vibración cerca de la nuca.
Le brotaron las lágrimas y quería gritar. Se secó las mejillas con el dorso de la mano y siguió caminando. Sacó el teléfono de la bolsa del pantalón y marcó el número de Mario.

Él le contestó festivo hasta que percibió algo raro en el tono de su voz.

-Necesito hablar con alguien
-¿Qué pasó?
-¿Puedo verte ahora?
-Sí, ¿dónde estás?

Le dijo dónde estaba en ese momento y en cinco minutos (que a ella le parecieron eternos) él llegó.
Se acomodó en el asiento. Él esperó que ella musitara cualquier cosa, que se derrumbara, que le contara lo que había pasado y ella lo besó.

Mario se dejó besar como siempre y la llevó a su casa como cada vez que le había llamado en las mismas circunstancias. Pasó exactamente lo mismo que había pasado en otras 47 ocasiones en el transcurso de los últimos 3 años. Él la conocía mejor que nadie y a estas alturas ya no preguntaba nada, sólo actuaba como ella esperaba que lo hiciera. 

A ratos Mario se sentía un traidor hasta consigo mismo, pero cada vez que olía su cabello y el aroma a vainilla que emanaba de la melena lacia color castaño no podía pensar en otra cosa que no fuera cada centímetro de su blanquísima piel, por lo que se perdonaba todos y cada uno de los deslices con ella, aunque supiera que luego se sentiría como un perro.

Cuando la luz del sol empezaba a colarse por la ventana, Ximena abría los ojos y sabía que necesitaba volver a la realidad. Se paró con cuidado y sin hacer ruido para no despertar a Mario, que ya estaba despierto y sentía de nuevo un hueco en el estómago, como todas las veces que ella lo dejaba en la cama. Esperó a que saliera de la habitación, abrió los ojos y se quedó con la mirada fija en una grieta en el techo. Escuchó que ella llamó por teléfono y que cerró la puerta principal con cuidado, suspiró, se levantó y se metió a bañar como siempre.

Ximena llegó a su casa y cuando abrió la puerta y se encontró a Diego sentado en  un sillón con la cabeza entre las manos. Le prometió como todas las veces que la situación iba a cambiar y ella le creyó como siempre. Se sentó junto a él, tomó su mano, esperó un momento y lo abrazó.

Revisiones

martes, 8 de enero de 2013

Estaba revisando unos textos de cosas que escribí hace mucho y me sorprendió un episodio del cual había perdido por completo los detalles.

En ese momento tenía la cabeza llena de hormonas de felicidad y omití detalles importantes que podían hacer que el hecho sonara menos atractivo narrativamente, pero hasta ahora es que me di cuenta.

La escritora frustrada que vive en mi (y la optimista también) gustan de contar historias. Y esta ha sido la vía por la cuál me he descargado poco a poco.

Creo que este espacio va a tomar una nueva vida... y a partir de hoy va a tratar de descargas literarias, en donde

(léalo bien)
(digiéralo)


cualquier parecido con la realidad


ES MERA COINCIDENCIA


porsuatencióngracias