¡PARE DE SUFRIR!

jueves, 15 de julio de 2010

En 2007 cuando corté con Pablo por primera vez (así medio feíto) tuve suficiente melodrama como para querer evitar siquiera hablar con él durante mucho tiempo.

Hartas noches estuve en vela esperando que sonara el maldito celular y con una sensación de tener un globo inflado dentro de la boca del estómago. Lloré cual Magdalena y me metí de lleno en la biblioterapia, a la lectura de cosas de manejo de emociones y ondas así.

Cuando me fui a vivir con él más bien estaba a disgusto porque me sentía ignorada: casi no estaba en casa, llegaba tardísimo y dormía poco conmigo. Tampoco me llamaba y sentía falta de interés. Había noches en las que no podía parar de pensar y sentía presión bajo la nuca. No podía controlarlo y empecé a hacer ejercicios para frenar mi mente enloquecida.

¡paaaaaaaaare de sufriiiiiir!

A partir de ahí procuro dejar el celular en silencio y lo meto a un cajón de ropa. Si se acaba el mundo no me importa, sólo quiero que me dejen dormir.

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