Sigo leyendo a Rougemont y la cosa del amor imposible
Platicaba con una amiga con respecto a los obstáculos que pueden existir en las relaciones y cómo nos gusta (en general, a los seres humanos) que el asunto se haga dificil. Y que cuando es posible, se termina el reto y ya no sabemos qué hacer.
Por lo mientras mi propio imposible -que traigo clavado entre las cejas- a ratos me motiva y a ratos no, pero el reto que representa es bastante divertido.
Hablé con él acerca de una propuesta indecorosa disfrazada de un rato agradable -que por cierto me rechazó- y le dije: ¡Bueno, tú necesitas más cortejo que una señorita!
Tuvo a bien contestarme: ¡Oh, sí lo necesito!
Arrrghhhh
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