Haciendo cuentas me percaté de que la última vez que me enamoré perdidamente fue hace casi cuatro largos años. Lo recuerdo con nostalgia (a él) porque apenas se volvió a manifestar. Regresó al trabajo en el que nos conocimos porque de repente se encontró a mitad de la nada y con dos hijos que mantener por una reestructuración en la empresa.
En aquella ocasión todo se dio para que nos encontráramos, pero en el marco -una vez más- de una situación imposible (o quizás posible pero desagradable).
Y me conocí tanto a través de él que le estoy muy agradecida. Y eso que no pasó de la segunda base... era un enamoramiento colegial, de esos de mariposas en la panza y dolor punzante cuando se fue.
No he sentido nada semejante desde entonces. Antes sólo EL, con el que tanto tiempo he estado. ÉL llegó a ser de esos amores que se convierten lo ÚNICO en la vida. Luego me descuidó más y más hasta que reventó la cosa, pero en un principio fue lindi.
Es una pena que la sensación desaparezca...
Supongo que es un precio que hay que pagar por sentir de esa manera.
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