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Cuido tu sueño

martes, 15 de noviembre de 2011

Te veo dormir a mi lado y envidio tu aspecto apacible. Me doy cuenta de que el cansancio te venció y acomodo tu cabeza para que no te lastimes el cuello. Sé que estás en ese punto entre la vigilia y el sueño en el que sabes que manipulo tu cuerpo a mi antojo con el pretexto de cuidarte.
Noto una pequeña sonrisa e incluso un leve suspiro.Te cubro con el edredón para que no te de frío.

Apago las luces y salgo de la habitación.

Abres los ojos y sonríes porque crees que no sabía que no estabas dormido. Miras el reloj y aprovechas los últimos quince minutos antes de ir a casa. A la casa que compartes con ella...

La casa vestida de sueños y utopías

viernes, 5 de diciembre de 2008

Ahora comprendo la razón por la que mi querido y siempre citado imposible es como es


La casa de sus padres está vestida de sueños y utopías


Hay un cuidado especial en los detalles, todo es limpio y bien ordenado. Impecable, diría yo.

Orquideas floreciendo en rincones de la casa.

Luz, espacios y figuras de cristal de colores que adornan las mesas de madera teñida en un tono oscuro. Un cuadro de una niña indígena que denota la maestría del dibujante llama mi atención.

La esfera de talavera con florituras pintadas en la superficie me cautivó en un instante.

Siempre he sido curiosa y no pierdo tiempo. Cuelo la mirada hasta donde me lo permiten. Me da un recorrido por la casa y me comparte mucho de él: su familia


Me llevó a su rincón de sueños y trabajos. Entre pruebas de fotografías, objetos llenos de nostalgia y unos tragos de mezcal escuchábamos un chelista en el aparato de sonido.


Me da un regalo que me había prometido y otro.

Le digo que me gusta la cesta con caracoles y me dice que tome el que me guste más.

Le respondo que el regalo lo tiene que elegir él y nos perdemos entre las palabras y la música.


No puedo evitar pensar en lo bien que me siento cuando estoy con él. Solos, acompañados, como sea. Lo disfruto a más no poder

Mirarte me produce un gran placer

jueves, 13 de noviembre de 2008

Se nota que me está gustando verdaaaad...


Uno de los ensayos que leí por la mañana fue relativo a las miradas. Dice Fernández Christlieb que mirar es tocar con los ojos y no podría ser diferente porque si soy una curiosa táctil era natural que se me antojara tocar con los ojos.


Qué mejor ejemplo que el de ayer, que el Imposible traía una playera polo y era posible ver esa diminuta parte entre el cuello y el pecho, en la que si uno presta un poco de atención a veces se puede ver el ligero movimiento en la piel que producen los latidos.


A él me gusta verlo. Y no en el sentido estricto de cómo-se-me-antoja-llevarte-a-la-cama (que también es muy válido, por cierto) Es diferente. Es como hacer cariños con los ojos, como si quisiera descargar todos los abrazos que no le doy con sólo tocarlo.


Las miradas son una forma de comunicación no verbal en la que el emisor puede querer transmitir una cantidad extensa de sensaciones y sentimientos. Lo complicado es que el receptor

La última vez que me enamoré perdidamente

jueves, 9 de octubre de 2008

Haciendo cuentas me percaté de que la última vez que me enamoré perdidamente fue hace casi cuatro largos años. Lo recuerdo con nostalgia (a él) porque apenas se volvió a manifestar. Regresó al trabajo en el que nos conocimos porque de repente se encontró a mitad de la nada y con dos hijos que mantener por una reestructuración en la empresa.


En aquella ocasión todo se dio para que nos encontráramos, pero en el marco -una vez más- de una situación imposible (o quizás posible pero desagradable).


Y me conocí tanto a través de él que le estoy muy agradecida. Y eso que no pasó de la segunda base... era un enamoramiento colegial, de esos de mariposas en la panza y dolor punzante cuando se fue.


No he sentido nada semejante desde entonces. Antes sólo EL, con el que tanto tiempo he estado. ÉL llegó a ser de esos amores que se convierten lo ÚNICO en la vida. Luego me descuidó más y más hasta que reventó la cosa, pero en un principio fue lindi.


Es una pena que la sensación desaparezca...


Supongo que es un precio que hay que pagar por sentir de esa manera.

El rincón de los tesoros

jueves, 28 de agosto de 2008

Dicen los que saben que archivar es una característica de la modernidad. Yo preferiría llamarlo manía, aunque también -por desagradables experiencias pasadas- el archivo sirve para hacer valer la palabra, que por sí misma ya no tiene ningún valor. Lo digo por toda la gente que se desdice con una facilidad impresionante.


Yo tengo una manía por guardar algunos objetos representativos de algún momento importante, aunque a últimas fechas me ha dado por depositar en la basura cosas de las que prefiero guardar sólo el recuerdo, aunque la despedida de dichos artefactos se ha convertido en un ritual de cerrar ciclos.


En la última sesión tiré dos boletos de autobus y varios tickets del cine. El último tesoro que fue a parar al rincón es una flor de color rojo, de algún árbol -del cual desconozco el nombre- recogida del parabrisas de un auto y entregada con la consigna "que no se entere que te la di yo, me vaya a querer matar"


Aunque tengo fresca la teoría de la interpretación de Ricoeur, en esta ocasión evitaré hacer conjeturas y asignarle significados al tesoro. Simplemente lo puse a secar para guardarlo durante algún tiempo, porque como bien dicen los Presuntos Implicados: