Cambiando hábitos

jueves, 14 de abril de 2011

Una se llega a hartar de la etiqueta de mujer fatal.

Siempre he sido agresiva en el buen sentido... si me provocan, contesto con pocas posibilidades de que alguien me pueda contestar de vuelta... y es un asunto que no pienso mucho, alguna parte del cerebro me funciona rápidamente para no ceder ante el enemigo. Eso, por supuesto, me ha traido el mote de agresiva (malaonda) y sobre todo de mujer fatal.
Adicionalmente, tiene un rato que no tengo un novio formal... entonces como me llegan a ver con más de uno, aunque no les resulte claro, les parece que soy una comehombres.

Algún día, un sujeto me lo dijo tal cual, y como bien sabe el lector asiduo a este lugar, son pocos los tormentos de piel y aliento que me he permitido.

Lo peor (o lo mejor) es que la etiqueta provoca a los espíritus jóvenes, que me persiguen a veces con furibundas ansias.

Hay uno en particular que desconoce de discreción... hoy, frente a varios que nos conocen me alegó una contractura en el cuello y se plantó con toda la intención de que le diera un masaje

¡MI-VI-DA!

No moví un dedo y le dije que no... que eso no se iba a ver bien...

Me dijo paranoica.

El caso, es que no desprecio el jugueteo y la coquetería, pero algo que me ha enseñado la vida es que uno tiene que ser discreto cuando la cosa no es en serio... y eso, los espíritus jóvenes no lo saben (o quieren gritarle a medio mundo sus logros sexosos)

Otro cambio importante es que estoy aprendiendo a no contestar las provocaciones con afán de ganar, sino con afán de ignorar. Y me está saliendo bien...

Ya me harté de ser mujer fatal

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