El deseo habita en todas las zonas del amor pero pensemos que el antojo, la lujuria y el capricho le son más afines al puro sexo, son sensaciones pasajeras que no requieren de un objeto del deseo idealizado o único; mientras el amor se reviste de empeño, afán, ansia, avidez y anhelo. Vocablos, estos últimos, más afines al trabajo de conquista, a la energía de desear a la distancia, a la idealización de un solo objeto del deseo.
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