Entonces he optado por métodos alternativos como la elaboración de un diario que ahora usted se encuentra leyendo, y mucha, mucha, MUCHA biblioterapia.
Los libros son buenos compañeros porque no le preguntan nada a uno, ni lo cuestionan; sólo dan respuestas. Lo único que hay que saber hacer con un libro es saber buscar al que puede contestar las preguntas que uno tiene. Los libros que compro y bajo nunca me han quedado mal. Me contestan religiosamente lo que quiero saber. Lo que posteé hoy mismo en la mañana tiene que ver con una larga lista de preguntas existenciales sobre el amor, el sexo y el sufrimiento todo junto.
He llegado al momento en el que he leído suficientes libros como para desconfiar del amor y desearlo locamente (todo al mismo tiempo). Sé que las mejores relaciones (por lo menos las duraderas) tienen que ver con algo carente de pasión y con un acuerdo social de conveniencia. Lamentablemente eso no se me da. Me gusta el fuego, qué le vamos a hacer.
Ya había ventilado en este espacio que tengo un amigo que me perturba y creo que soy correspondida, pero dudo que pase algo porque él lo va a negar y yo sencillamente no lo voy a buscar. Como en ocasiones anteriores, me busca con excusas profesionales, a lo cual me he hecho olímpicamente güey, deporte que se sabe, me gusta practicar. Esta semana se me apareció en la oficina nomás para saludar (ay-ajá) y yo la verdad no le hice mucho caso. Se fue. Entre el viernes y el día de hoy me ha mandado más mensajes que en los últimos dos meses.
Tiendo a pensar que es porque lo estoy ignorando. Hoy me mandó un mensaje para que bajara una aplicación a mi teléfono y nos pudiéramos comunicar sin que nos cueste. Hasta ahora el dinero no ha sido ningún impedimento para chismear o cortejar a alguien. Soy bien macho y qué.
Si uno quiere y el otro también, debería ser más fácil
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