Nunca menosprecies el valor de una jeta

jueves, 3 de abril de 2008

Llevo algunos meses viviendo con mi novio y debo confesar que pasé por alto una innumerable cantidad de manías, obsesiones y malos hábitos que le descubrí desde hace años.

Creo que no soy la única que en algún momento de demencia pensó que cambiaría -o que por lo menos tendría la disposición de hacerlo- y ooooohh sooorpresa. Sigue siendo igual de marranito que cuando lo conocí.

Mi paciencia ilimitada también ha hecho que dicho individuo -al que desde ahora referiré como brontosaurio- no haga el mínimo intento por cambiar.


Sucedió que ayer ya era tarde y el brontosaurio ni siquiera hacía el esfuerzo por levantarse. Tras el desayuno abnegado que le llevé -quesadilla y jugo- no sucedió nada, mi paciencia llegó al límite y le pregunté: ¿me voy solaaaa? (todos los días me lleva al trabajo)


Contestó que si. Hice ommmm, respiré profundo, procuré no enojarme, tomé mis pertenencias y cuando me vio la clara intención de salir se paró en chinga.

¿Por qué hasta que pongo mi carota??????


Me gritó que lo esperara, que se apuraba

Salí, cerré la puerta y tomé un taxi en el que me limé las uñas de forma obsesiva para impedir estallar en cólera.

No le llamé todo el día y en la tarde le avisé que iba a salir y que nos veíamos en la casa (cuando habitualmente pasa por mi y nos vamos juntos a la casa)


Me largué a ver jumper con una bolsota de palomas y llegué como a eso de las 11


Abrí la puerta y me encontré con la casa recién barrida, trapeada, limpia y hasta la cama tendida...

Creo que tendré que dejarlo más seguido y salir con mis amigos