El rincón de los tesoros

jueves, 28 de agosto de 2008

Dicen los que saben que archivar es una característica de la modernidad. Yo preferiría llamarlo manía, aunque también -por desagradables experiencias pasadas- el archivo sirve para hacer valer la palabra, que por sí misma ya no tiene ningún valor. Lo digo por toda la gente que se desdice con una facilidad impresionante.


Yo tengo una manía por guardar algunos objetos representativos de algún momento importante, aunque a últimas fechas me ha dado por depositar en la basura cosas de las que prefiero guardar sólo el recuerdo, aunque la despedida de dichos artefactos se ha convertido en un ritual de cerrar ciclos.


En la última sesión tiré dos boletos de autobus y varios tickets del cine. El último tesoro que fue a parar al rincón es una flor de color rojo, de algún árbol -del cual desconozco el nombre- recogida del parabrisas de un auto y entregada con la consigna "que no se entere que te la di yo, me vaya a querer matar"


Aunque tengo fresca la teoría de la interpretación de Ricoeur, en esta ocasión evitaré hacer conjeturas y asignarle significados al tesoro. Simplemente lo puse a secar para guardarlo durante algún tiempo, porque como bien dicen los Presuntos Implicados:

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