lapsus de amorious

viernes, 14 de noviembre de 2008

Si hoy, después de tanto tiempo después del amor, viniera a este mundo por primera vez y me viviera el amor, yo habría dado una respuesta mucho más completa a los que vinieron ayer de mi:
El amor sería un solo de trompeta, solo pero dulce y amable, rico pero finito como el aire del pulmón trompetista: profundo y corto y reincidente, es decir amar sería un momentito de la vida (de uno) en que otro se brota y se junta y pueden hasta hurgar de qué color es el camino a la casa del otro, de qué olor es el olor de la puerta de la casa del otro, y a qué sienten los calcetines del otro en sus cajones, incluso puede sudarle una mano junto a la del otro y al mismo tiempo pensar en otra cosa, pueden magnificar un poro y minimizar un temperamento. El amor significaría entonces un muy (lo más) cercano avisoramiento de la costa de otro, tan fugaz como cualquier encuentro: tan impactante como ajeno, como emocionante, como irradiable pero tan terminable en la medida en que es alcanzable.
El amor sería entonces una arqueada para después retomar el ritmo propio, el respirar dentro de uno, para quizás esperar en pausa un otra vez guardando sus dimensiones y colores y olores, pero eso si, nunca imaginaría algo parecido a lo que siempre fue, al amor del sempiterno.

0 Respuestas al soliloquio: