Después de casi cinco años de no verlo, reapareció. El facebook otra vez...
Hace un par de años me escribió un correo diciendo que quería verme y quedamos en ir a tomar un café como los amigos que nunca fuimos. Dos horas antes me canceló. Yo no lo busqué y desapareció otros dos años.
Me gustaba colgarle el teléfono, hacerle saber que no estaba disponible cuando a él se le diera la gana. Lo mejor era que sabía que cinco segundos después él estaría llamando de nuevo. Al ver en la pantalla del celular su número, el sentimiento era sublime. La historia terminó mal, como lo auguraban todos y cada uno de mis malos pensamientos. Buscamos un pretexto estúpido para alejarnos (en realidad él lo buscó) y lo me convencí de que estaba muy enojada por su reacción y nos dejamos aunque ambos sabíamos que lo hacíamos porque era lo mejor, porque no había para dónde hacerse y porque nuestro ego era tan grande que ninguno aceptaría sentirse rechazado.
Me escribió hace un par de semanas con intenciones de vernos para tomar un café. La verdad pensé que iba a ser el mismo cuento de hace dos años pero ayer todas las entrañas se me alborotaron cuando ví en la pantalla:
¿Nos vemos hoy para tomar un café? ¿A las 8 en donde siempre?
Madres... Sentí punzadas en la base de la nuca y el estómago revuelto. Como colegiala -pensé otra vez-
casual (ajá) contesté que ahí estaría.
El resto de la tarde traté de convencerme que otra vez haría lo mismo, cancelar al último momento. No había avisado nada y tuve que salir. Al regresar corrí a la computadora a revisar el correo. Ahí estaba la respuesta. El estómago se me volvió a enredar y fui un rato a casa a fumar como enajenada.
Llegué al lugar acordado y él ya estaba ahí. Hace 4 años no usaba lentes, se le había caído más cabello y lo ví más delgado (como enfermo) y hasta un poco más bajito. Yo iba apuntando algo en el celular mientras caminaba. Guardé la nota y levanté la vista. Le sonreí
Me miraba sorprendido mientras la femineidad me traicionaba (seguro piensa que engordé, me veo fatal...)
-¿Qué? -pregunté-
-Nada, te ves muy bien
La neurosis se me aplacó. Nos sentamos y ordenamos.
Quise locamente ordenar una cerveza pero me moderé.
-Un té negro, por favor
Platicamos y platicamos de lo que no sabíamos de nosotros. Él me contó que tuvo un episodio de convulsiones y le diagnosticaron transtorno afectivo bipolar, que compró una casa y que sus hijos lo hacen muy feliz. Que la relación con su esposa había mejorado a raíz de la enfermedad y que la primera vez que había visto a su jefa había pensado que el destino le jugaba una mala pasada y que se volvía a encontrar conmigo. Se parecen mucho, -dijo-
Yo le conté mi separación y dos o tres conflictos laborales. Lo miraba a los ojos y me preguntaba una y otra vez qué había sido lo que nos había hecho encontrarnos porque se había desvanecido.
´
A ratos se quedaba pensando, volteaba a verme y sonreía. Le preguntaba y decía que eran cosas sin importancia. Salimos, se ofreció a llevarme y me negue. Dijo que después habría que vernos. Lo dudo.
Regresé a casa a dormir. Supongo que después de todo no habría valido la pena.
¿Serán capaces de amor?
Hace 8 años
1 Respuestas al soliloquio:
Uh! Cuántas historias...
Suerte que tiene de dónde escoger :)
Saludos
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