A Él no he podido dejarlo por completo en diez años, aunque si me preguntan no sabría decir por qué. Al principio era de ese amor que mataba, dolía y se sufría; pero cuando la balanza apuntaba en el lado positivo no había sensación suprema, orgasmo más grande o extrema sensación de saciedad. Casi casi el nirvana.
Cuando empezaron los problemas mis ojos perdieron tanta agua y sal que hasta la vista me cambió. Y la boca del estómago se acostumbró a vivir sometida a las sustancias que segregaba mi cerebro. Se me acabó la dulzura del amor. Restringí la ternura y los besos. Mi seguridad emocional antes que otra cosa. El periodo más largo que lo he dejado de ver completamente ha sido de unos 3 meses y medio. Por diversos motivos vuelvo a caer en mi vicio: su piel y su olor.
Estoy convencida de que algún químico poderosísimo emite su piel, porque siempre que pego la nariz a su cuello y por encima de su hombro es como una droga que me da tranquilidad. Ni qué decir de la interacción física.
Vivir juntos no me funcionó, pero ese estar/y no estar al mismo tiempo es muy agradable. No sé que pasará pero por lo pronto, no tengo nada mejor que hacer
¿Serán capaces de amor?
Hace 8 años
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