Antes la felicidad era simple

lunes, 14 de marzo de 2011

Las tardes nubladas como la de hoy me recuerdan mucho a las épocas en las que fui muy feliz porque esa desgracia del amor aún no me pasaba. Iba toda la tarde a casa de Alejandra alegando trabajos diversos de la escuela y sí estudiábamos, pero también escuchábamos música, leíamos y nos contábamos las cosas que ya sabíamos pero que no nos cansábamos de escuchar una y otra vez.
Recuerdo también cuando Lupe nos invitaba a comer. La cocina pequeñísima de un departamento de quinto piso al que llegábamos con la lengua de fuera por tantas escaleras. Y un balcón al que salíamos con un vaso con agua en la mano y la respiración entrecortada de los 5 oscuros pisos que acabábamos de subir entre risas.

La felicidad no estaba relacionada con hombres, ni con sexo, ni con orgasmos eternos. Era simplemente disfrutar en compañía de dos mejores amigas, con las que pasaba todo el día sin cansarme.

Mi mejor recuerdo de esas épocas es el de una tarde que teníamos que preparar una exposición. Salimos de la casa de Alejandra y fuimos a la de su hermana (a unas cuantas calles). No recuerdo qué íbamos a pedir prestado. Lo que sí recuerdo es el olor de la fábrica de pasteles cuando llegamos. En ese momento pensé que era inhumano vivir ahí, con la seducción olfativa en permanencia voluntaria. Más que inhumano era masoquista. Lo recuerdo así

Salimos de casa de Paty y empezó a llover. Corrimos un par de calles y nos detuvimos empapadas. Nos vimos y no pudimos evitar reirnos. A partir de ahí brincamos en cada charco que encontramos. Nos granizó. Corríamos con una mezcla de risa y dolor cuando las enormes bolas de hielos nos pegában en las orejas, la nariz y en la espalda. Al llegar a casa de Ale, se dio cuenta de que no traía llaves. Tocó el timbre y recibió una descarga eléctrica. Yo lloraba de la risa sentada en la banqueta. Su mamá nos abrió y nos mandó derechito a la regadera a secarnos. Me prestaron ropa y una secadora para la ropa interior.

Eso sí era felicidad.
No los arrumacos que después uno extraña cuando no los tiene cerca.

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