Hacía tiempo que no leía una novela que me enganchara con facilidad y que me hiciera aflorar mi lado obsesivo para no soltarla hasta terminar y me recomendaron Contra el viento del norte de Daniel Glattauer.
A ratos me hizo recordar a un examante con el que el tormento empezó con un intercambio de correos, igual que en la novela que menciono.
Para que yo me enamore hay varias formas:
a) o el sujeto en cuestión me encanta físicamente y me resulta imposible dejar de verlo y olerlo (estoy convencida de que la química juega un papel muy importante en lo que llamamos enamoramiento)
b) tiene un excelente uso del lenguaje (en cualquiera de sus formas)
c) es una agradabilísima compañía (y además cumple con alguna de las condiciones anteriores)
El caso es que mi entonces novio me ignoraba olímpicamente y después no pudo con su vida y su solución inmediata fue mandarme al cuerno.
Y se aparece el ente este que hacía un magnífico uso de las palabras. Sus correos eran como castillos de palabras que me hacían soñar. Y en ese momento necesitaba una cura urgente de la realidad. Me escribía cosas lindísimas (que borré en un ataque de odio infinito cuando dijo que él nunca había querido nada más que ser mi amigo).
... una cosa es que una se emocione, que "malinterprete" señales, regalos, llamadas constantes y cuanta cosa al lector se le pueda ocurrir, pero otra muy fea es que uno diga que no quiere nada cuando comienza los mensajes de insomnio con la frase "de este lado del colchón"
Pero de vuelta a la novela... ejemmmm... usted disculpará la proyección.
El autor juega magistralmente con el lector, subiendo y bajando el tono de los mensajes como en una relación de adolescentes y de repente... ¡pum! termina la primera parte y no resuelve nada (excelente estrategia para vender libros) y total que uno corre por la segunda parte y termina casi casi en un ... y vivieron felices para siempre:
¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGGGGGHHHHHHHHHHHHHHHH!
Perdone usted, pero amor (al romántico, me refiero) que se precie de ser ejemplar, debe quemar como el fuego y acabar con uno hasta que sólo quedan cenizas...
Si no es eso... mejor nada.
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