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Fantasías de venganza

viernes, 10 de mayo de 2013

Azotó la puerta. Era de noche y el farol que alumbraba la calle estaba apagado. Las luces de los interiores de las casas se asomaban tímidamente.
Caminó a prisa como queriendo escapar. Sentía que un líquido viscoso y caliente le subía desde el estómago a la boca, percibía un ligero zumbido en sus oídos y una vibración cerca de la nuca.
Le brotaron las lágrimas y quería gritar. Se secó las mejillas con el dorso de la mano y siguió caminando. Sacó el teléfono de la bolsa del pantalón y marcó el número de Mario.

Él le contestó festivo hasta que percibió algo raro en el tono de su voz.

-Necesito hablar con alguien
-¿Qué pasó?
-¿Puedo verte ahora?
-Sí, ¿dónde estás?

Le dijo dónde estaba en ese momento y en cinco minutos (que a ella le parecieron eternos) él llegó.
Se acomodó en el asiento. Él esperó que ella musitara cualquier cosa, que se derrumbara, que le contara lo que había pasado y ella lo besó.

Mario se dejó besar como siempre y la llevó a su casa como cada vez que le había llamado en las mismas circunstancias. Pasó exactamente lo mismo que había pasado en otras 47 ocasiones en el transcurso de los últimos 3 años. Él la conocía mejor que nadie y a estas alturas ya no preguntaba nada, sólo actuaba como ella esperaba que lo hiciera. 

A ratos Mario se sentía un traidor hasta consigo mismo, pero cada vez que olía su cabello y el aroma a vainilla que emanaba de la melena lacia color castaño no podía pensar en otra cosa que no fuera cada centímetro de su blanquísima piel, por lo que se perdonaba todos y cada uno de los deslices con ella, aunque supiera que luego se sentiría como un perro.

Cuando la luz del sol empezaba a colarse por la ventana, Ximena abría los ojos y sabía que necesitaba volver a la realidad. Se paró con cuidado y sin hacer ruido para no despertar a Mario, que ya estaba despierto y sentía de nuevo un hueco en el estómago, como todas las veces que ella lo dejaba en la cama. Esperó a que saliera de la habitación, abrió los ojos y se quedó con la mirada fija en una grieta en el techo. Escuchó que ella llamó por teléfono y que cerró la puerta principal con cuidado, suspiró, se levantó y se metió a bañar como siempre.

Ximena llegó a su casa y cuando abrió la puerta y se encontró a Diego sentado en  un sillón con la cabeza entre las manos. Le prometió como todas las veces que la situación iba a cambiar y ella le creyó como siempre. Se sentó junto a él, tomó su mano, esperó un momento y lo abrazó.

Cuido tu sueño

martes, 15 de noviembre de 2011

Te veo dormir a mi lado y envidio tu aspecto apacible. Me doy cuenta de que el cansancio te venció y acomodo tu cabeza para que no te lastimes el cuello. Sé que estás en ese punto entre la vigilia y el sueño en el que sabes que manipulo tu cuerpo a mi antojo con el pretexto de cuidarte.
Noto una pequeña sonrisa e incluso un leve suspiro.Te cubro con el edredón para que no te de frío.

Apago las luces y salgo de la habitación.

Abres los ojos y sonríes porque crees que no sabía que no estabas dormido. Miras el reloj y aprovechas los últimos quince minutos antes de ir a casa. A la casa que compartes con ella...