Nostalgias que duran una canción

lunes, 2 de diciembre de 2013



Mientras escuchaba summertime sadness Mónica sintió nostalgia.

Aunque ni era verano, ni era tristeza, se dio unos segundos para recordarlo. Tuvo unas repentinas ganas de cantar a gritos: kiss me hard before you go... pero se limitó. Los pequeños cubículos del banco en el que trabajaba no le permitirían tales desplantes emotivos.

Algunos días lo veía pasar cada diez minutos oculto en cualquier persona, y era un color, una textura, una forma de caminar y hasta un gesto desconocido lo que la llevaba de vuelta esa casa abrazadora y a un extraño sentimiento de paz.

Terminó la canción.

Mónica regresó a una pantalla repleta de números.

Fantasías de venganza

viernes, 10 de mayo de 2013

Azotó la puerta. Era de noche y el farol que alumbraba la calle estaba apagado. Las luces de los interiores de las casas se asomaban tímidamente.
Caminó a prisa como queriendo escapar. Sentía que un líquido viscoso y caliente le subía desde el estómago a la boca, percibía un ligero zumbido en sus oídos y una vibración cerca de la nuca.
Le brotaron las lágrimas y quería gritar. Se secó las mejillas con el dorso de la mano y siguió caminando. Sacó el teléfono de la bolsa del pantalón y marcó el número de Mario.

Él le contestó festivo hasta que percibió algo raro en el tono de su voz.

-Necesito hablar con alguien
-¿Qué pasó?
-¿Puedo verte ahora?
-Sí, ¿dónde estás?

Le dijo dónde estaba en ese momento y en cinco minutos (que a ella le parecieron eternos) él llegó.
Se acomodó en el asiento. Él esperó que ella musitara cualquier cosa, que se derrumbara, que le contara lo que había pasado y ella lo besó.

Mario se dejó besar como siempre y la llevó a su casa como cada vez que le había llamado en las mismas circunstancias. Pasó exactamente lo mismo que había pasado en otras 47 ocasiones en el transcurso de los últimos 3 años. Él la conocía mejor que nadie y a estas alturas ya no preguntaba nada, sólo actuaba como ella esperaba que lo hiciera. 

A ratos Mario se sentía un traidor hasta consigo mismo, pero cada vez que olía su cabello y el aroma a vainilla que emanaba de la melena lacia color castaño no podía pensar en otra cosa que no fuera cada centímetro de su blanquísima piel, por lo que se perdonaba todos y cada uno de los deslices con ella, aunque supiera que luego se sentiría como un perro.

Cuando la luz del sol empezaba a colarse por la ventana, Ximena abría los ojos y sabía que necesitaba volver a la realidad. Se paró con cuidado y sin hacer ruido para no despertar a Mario, que ya estaba despierto y sentía de nuevo un hueco en el estómago, como todas las veces que ella lo dejaba en la cama. Esperó a que saliera de la habitación, abrió los ojos y se quedó con la mirada fija en una grieta en el techo. Escuchó que ella llamó por teléfono y que cerró la puerta principal con cuidado, suspiró, se levantó y se metió a bañar como siempre.

Ximena llegó a su casa y cuando abrió la puerta y se encontró a Diego sentado en  un sillón con la cabeza entre las manos. Le prometió como todas las veces que la situación iba a cambiar y ella le creyó como siempre. Se sentó junto a él, tomó su mano, esperó un momento y lo abrazó.

Puzzle heart

lunes, 11 de marzo de 2013

La primera vez que me rompieron el corazón fue por confiada (y ahora que lo pienso creo que siempre ha sido así). En aquella ocasión me había vuelto noviecita de un buen amigo. Creo que me caía muy bien pero ni siquiera me gustaba. Él había roto con su novia de años y yo que estaba a la mano le serví para darle celos a aquella que lo había dejado. Creo que duramos un par de meses y un buen día me cayó con el cuento de noerestúsoyyo. Me sentí como la más idiota del mundo mundial y me tiré a la depresión durante meses. Me metí a todas las actividades que pude y dos meses después cometí el mismo error que mi odiado ex. Anduve con alguien para probar que podía hacerlo y ya.
Mis siguientes decepciones amorosas fueron igual de dolorosas. Incluso hasta hace unos años me dolió todo el ser...
Quizás mi corazón ya estaba partido en millones de fragmentos y quizás ya tengo práctica en restaurarlo.
Hoy ya estoy con el pegamento y los planos corazoniles afuera. Veo como en cámara lenta, como mi órgano latidor se aproxima al rincón de la repisa en la que está. Y sé que estoy suficientemente lejos como para alcanzarlo.

Amores imposibles / El pasado se olvida fácil

lunes, 28 de enero de 2013

Uno tiene los momentos de introspección más importantes en los lugares menos esperados. Al menos así me sucede… Estaba en el baño de un restaurante, lavándome las manos; me ví en el espejo y lo pensé:
ÉL es mi verdadero amor imposible
Así de paradójico. Fuimos novios durante más de 6 años, vivimos uno compartiendo techo y después nos separamos. Después de un tiempecito, y de sacarme un par de espinitas que tenía clavadas en el ego, inevitablemente nos volvimos a buscar. Me buscó y no pude decir que no. Como un bicho atraído por el fuego, me dirigí hacia la imagen hipnótica.
Pero uno aprende de sus errores. A pesar de que me puede provocar lo mejor y lo peor esta vez me prometí que permanecería en mi lugar seguro. Por eso cada quien en su casa (y dios en la de todos). Ahora, aunque de repente me quiera ganar la emoción, la domino y la pongo en su lugar, porque ya se que él quiere demasiado de mí, cosa que no le puedo dar. Entonces mejor nos conformamos con vernos de a poquitos y sin remordimientos, así mejor.
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Vi a mi mejor amiga de la primaria, secundaria y prepa en el súper. Ya tiene dos hijas y esta casada por todas las de la ley. Para quien me haya conocido en ese entonces debe ser un poco impactante verme soltera, sin hijos, sin compromisos y haciendo lo que se me da la gana. Literal. Me rompo la cabeza pensando para qué pagaron tanto sus padres en su educación, si finalmente se iban a dedicar a ser amas de casa... pero en fin, ese dinero no salió de mi bolsa, entonces me da igual.
A otra de mis mejores amigas de esas épocas la he visto en un bar en el que trabaja su hermana, siempre me mira y yo finjo demencia. Nos distanciamos porque las habladurías acerca de mi persona en la universidad eran demasiadas... siempre he sido propensa a llevarme bien con el género masculino, más que con el femenino, y eso generalmente trae envidias, entonces las malas lenguas rumoraban que yo cambiaba de novio-amante, como cambiaba de calcetines... y lo peor fue que mi supuesta amiga ¡se lo creyó! e intentó darme un sermón de aquellos de lo que debían hacer las niñas bien...
La historia acabó en que me indigné y la mandé al demonio, con diez años de amistad de por medio. La lealtad no me parece negociable, sobre todo cuando había sido yo quien la había apoyado encima de todas las cosas.
Es curioso... con todas las promesas de bestfriendsforever escritas en cartitas, ni en facebook nos agregamos...