Saltar al vacío

miércoles, 20 de junio de 2012


La vocación suicida no es nada fácil.

Requiere una buena dosis de necedad para pensar que el piso no se ve tan lejos, y cierto grado de inconciencia que permita creer que podemos volar aunque sea unos segundos.

No se asuste
No estoy hablando de suicidio, sino de arriesgar la comodidad que uno tiene.O también de engañarse un poquito para convencerse de algo.

Quizás si me lo repito lo suficiente, pueda funcionar (naaaaaa, ya quisiera ser así)

Y algunas decisiones implican tener el valor de saltar al vacío deseando no encontrar el piso, aunque la mayoría de las veces sabemos que el golpe va a ser duro.

Pero al fin de cuentas es preferible el dolor del golpe a la duda de saber si pudiéramos haber podido hacer algo




Cuando estoy feliz me vuelvo aburrida



Tenía pendiente el famosísimo libro en el que la protagonista se llama Violetta.

Llegó a mis manos y no desaproveché la oportunidad. Y puedo decir que me está gustando mucho y que como varias de las que lo han leído me identifico, porque creo que todas tenemos una violetta dentro y a veces queremos "cerrar los ojos, tirar los dados y esperar a que todo se lo lleve el diablo".

Y ayer, mientras esperaba sentada en un bonito sillón de imitación piel me puse a leer (por cierto que no deja de sorprenderme la cara que pone la gente cuando alguien prefiere un libro a la televisión que está prendida).

De entre las frases que encontré me gustó una que dice algo como:

"Cuando la gente es feliz no tiene historias que contar"

Quizás eso pueda explicar un poco mis ausencias. Y aunque hay días que me dan ganas de salir corriendo en dirección a la distracción más cercana, me modero y me repito que es lo que quiero y que nadie me dijo que sería fácil.



Recuento de los daños

lunes, 7 de mayo de 2012

Pasaron las fiestas patronales de Santa Emilia mártir de las relaciones imposibles y los saldos fueron en contra:

Afortunadamente no se apareció mi última distracción (aunque Daniel metió la patota lo más que pudo y casi me lo lleva). Es la primera vez que ÉL se aparece en mi cumpleaños desde hace fácil como cuatro años, pero antes lo hacía como de cuerpo presente y a la fuerza... iba en calidad de mi señor, pero era como irreal verlo platicando con alguien. Esta vez se comportó muy distinto y hasta acabó preparando algo de botana medianochera para los que quedaban.

Tan dispuestito estaba que se puso a platicar con Daniel, con el ideciso y con el historiador, ahí todos juntos, ¡JA!

A últimas fechas lo he estado viendo casi diario y estoy contenta. Increíble.

Nadie dijo que fuera fácil, pero lo cierto es que con todo y todo, hemos aprendido a dialogar, aunque hay días en los que nos cuesta muchísimo trabajo.

Hay días en los que estoy feliz, pero eso de la monogamia, como que creo que no es lo mío para siempre, por lo menos no he tenido ningún episodio del que me pueda arrepentir. A ver cuánto me dura el gusto.

Ponerle nombre

viernes, 24 de febrero de 2012


TORMENTO me reclamó algunas cosas, como que lo nuestro no tiene nombre y no sabemos qué es. Y creo que en parte tiene razón. Dejamos de ser novios cuando dejamos de vivir juntos y a ratos yo lo considero todavía así, pero en mi vida diaria no lo es. Debo aceptar que sí hay algo utilitario: Que lo busco cuando necesito que alguna de mis dos necesidades fundamentales sea satisfecha porque nadie mejor que él...

El caso es que he estado pensando en nombrar eso y no llego a ningún lado... quizás porque una de las funciones de las palabras es la representación de la realidad. Y al parecer por aquí no queda más que encuentros fugaces.

Sigo viendo su forma de vida y ni me gusta, ni me resulta compatible, y sé que para él ocurre algo similar. Mientras tanto las posibilidades reales de convivencia que tengo no me gustan y los que me gustan no son reales ¡ja!

Mientras tanto, Peligro se sigue paseando por aquí y yo finjo ingorarlo. Le llamó a su novia para verla cerca (pero no tanto). Sé que cuando lo pierdo termina por presentarme a la culpable, y hasta ahora no lo ha hecho. Y me resulta curioso. Acordé conmigo misma que no me voy a molestar por sus insinuaciones y provocaciones. Simplemente no voy a hacerle caso. Hoy se portó bien (quizás porque la última vez le conté del episodio de encuentro alcoholizado), y hubo un momento en el que me preguntó por la víctima. Le dije que no nos hemos buscado (tal como me lo esperaba) y él me preguntó si hasta ahí habría llegado. Le contesté:

-¿Con todas las personas con las que te acuestas te involucras emocionalmente?

Ojos de sorpresa. Llamada. Abrazo largo. Vengo en la semana.