Lo conocí cuando tenía como diecinueve años. Hasta entonces me había enamorado locamente de alguien que no me correspondía, y sólo había tenido un par de novios de algunos meses. No me consideraba bonita ni atractiva, quizás por ser el primer experimento de mis padres y la sobreprotección, la falta de parientas y amistades cercanas que me pudieran orientar con respecto a la apariencia, la seguridad y la autoestima
Ese día acompañé a Fabiola a ver al meserito que le encantaba en ese nuevo café que estaba de moda y que se caracterizaba por contratar guapos. Llegamos y mientras Fabiola coqueteaba con Carlos me acerqué a la barra a pedir algo para beber.
Javier empezó a preguntarme cosas
Yo sabía quién era. Las amigas de mi hermana menor formaban un club de fans del descendiente de franceses porque era guapo y tenía los ojos azules.A menudo había chicas que entraban a comprar un café sólo para saludarle y tener la oportunidad de cruzar un par de palabras con él.
Me sorprendió su facilidad para hablar y me sorprendió más que me hubiera hablado a mi. Me preguntó por Fabiola y por Carlos con un inesperado tono de complicidad.
La conversación insulsa de repente cambió de tono cuando me preguntó
¿Y dónde está tu novio?
Hasta yo, que desconocía todas y cada una de las herramientas de seducción supe que me estaba coqueteando.
Y-NO-LO-PUDE-CREER
Comenzó a buscarme de forma casi obsesiva. Salimos un par de veces y nos besamos a media calle con las entrañas revueltas y las caras de estúpidos.
Todo era perfecto. En ese momento supe que tenía un poderoso ego y Javier fue el primer trofeo que me llevé al salón que habitaba mi hasta entonces desconocida autoestima.
Un día se le ocurrió hablarme un sábado e invitarme a la parrillada familiar (!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!)
Yo tenía planes con mis amigas y se lo dije (y adicionalmente me resultaba tortuoso conocer familiares después de apenas unos cuántos besos)
Se molestó.
uy-qué-pena-si-quieres-después-me-buscas
Me buscó después y me quiso aplicar un chantaje de aquellos. No hice el menor caso.
Nos dejamos de buscar y después me lo encontraba en la calle y me escondía la mirada, como con pena.
Hace poco lo vi en una tienda de ropa (de la cual es gerente o algo así). Sigue igual de guapo. Lamenté que fuera tan intenso.
Cuando me vio no pudo más que darse la vuelta en seco para evitarme, cuando yo estaba muy dispuesta a saludarlo.
Me dio risa. Ya pasó mucho tiempo...
A partir del suceso con Javier buscaba establecerme objetivos más altos (aquellos que en algún momento me hubieran parecido imposibles de conseguir) en una especie de compensación al tiempo perdido.
Hasta que fijar los ojos en algún guapoimposible dejara de ser divertido o necesario (y después de meeeeses de terapia en la que reafirmara mi seguridad e identidad)
Recién recordé el caso porque recibí una invitación al cumpleaños de mi amor platónico de secundaria. Terminó casado con una de mis compañeras de la universidad y es la única astilla que tengo clavada en el centro del ego. Siempre fui de sus mejores amigas. Sólo eso. Y yo lo arruiné cuando tuve amoríos con uno de sus mejores amigos, aunque estoy convencida de que siempre supo que me encantaba.
Me invitó a su cumpleaños y la verdad me extrañó muchísimo. Y no sé si asistir. Sé que podría ser el pretexto perfecto para volvernos a ver, pero también sé que es un peligro por lo que me gustaba. Sé también que no necesitaría mucho para quitarme la espinita clavada en el ego, pero las condiciones no son las ideales...
Estos días auguro batalla campal conmigo misma. Y pensar que después de todo, la culpa la tiene Javier.
Hago marketing gratuito (?)
Hace 2 días
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