El tiempo pasa

domingo, 26 de diciembre de 2010

Siempre me da nostalgia cuando está por terminarse el año. De alguna manera me sirve para voltear y ver el camino recorrido. Sobre lo que falta por recorrer he aprendido a no esperar mucho, y en cambio me gusta poner ladrillo sobre ladrillo en el día a día. No soy fanática de los grandes preparativos. Si algo he aprendido de la vida es que imaginarse cuán grande puede ser el futuro no sirve más que de motivación y hay que trabajar en el presente.


Hace dos años hice un viaje con el que desafié todos mis principios. Me armé de valor y decidí salirme de una casa en la que los dos vivíamos solos. Me costó. Y mucho. Jamás me imaginé que de alguna manera eso podría haber traído buenas consecuencias.


Hoy estoy como al borde de un precipicio. Todavía no sé qué hacer. Quizás deba cerrar los ojos, abrir los brazos y dar un pequeño paso hacia atrás para dejarme caer por completo otra vez. Hay miles de razones por las que podría seguir huyendo y en cambio los motivos por los que podría planear (otra vez) una vida con él, son meramente románticos (y a estas alturas el romanticismo ya sólo me gusta en películas rosas en las que sé desde el inicio que se trata de ficción)

Este 2011 se parece prometedor, caótico y sorpresivo... los inicios de año deberían venir acompañados de un manual de uso.

Diga NO al villancico de Luis Miguel

miércoles, 22 de diciembre de 2010


Hace algunas navidades tortuosas, estas fechas me provocaban escalofríos. Y también la oportunidad de ejercitar la virtud de la paciencia. Pero no siempre fue así
De chica, los festejos de navidad y año nuevo los pasaba con unos amigos de las juventudes de mis padres. Sus hijos eran exactamente de mi edad y condiciones, así que era absolutamente feliz en aquel fraccionamiento cerca de Tlatelolco, que recuerdo con una mezcla de nostalgia y cariño. Las últimas veces que fuimos fue cerca de mis veintes, y todavía fui muy feliz. Ir a ver a los que consideraba mis primos, compensaba ver a la jauría de primos sanguíneos del lado de mi madre que se reunían en el rancho de la abuela, cerca de Guanajuato.
Cuando llegaba, inmediatamente me sentía fuera de lugar. Para empezar era la prima fresa, la única que iba a una escuela privada y que añoraba el concreto como nadie más.
Pero ese es otro trauma. El que me ocupa hoy es el de los últimos festejos con mi adorable y disfuncional familia. Se trataba de ir a casa de unos amigos locales de mis padres. La odisea empezaba al llegar a la casa, en la que había toda clase de adornos navideños: santas bailarines, árboles gigantes, piezas de cerámica, tapetes, manteles, velas... y de música de fondo una horrenda compilación estilo Navidad con las estrellas (de Televisa) que se repetía año tras año, igual que los chistes del Tío Daniel y los comentarios venenosos de una que otra.

Religiosamente trataba de permanecer al margen, cruzaba una que otra palabra con alguien y esperaba la hora de la cena. Después de llenarme con lo único bueno del festejo (la variedad de platillos) esperaba un rato y me iba al cuarto de una de las hijas, a dormir.

Sobra decir que en cuanto pude, mande el festejo a la goma y argumenté locura. Desde entonces, los festejos navideños son un poco mejores

ciclos

viernes, 17 de diciembre de 2010

No me queda ninguna duda. La vida está hecha de círculos.

Justo cuando estoy tranquila con lo que tengo con él, algo me desanima. Últimamente han sido días pesadísimos en la cuestión laboral, lo cual me deja agotada anímica y físicamente. Lo único que se me antoja es llegar a casa, distraeme la neurona y dormir (también vuelvo a sentir la necesidad imperiosa de hacer ejercicio).

La susceptibilidad del individuo en cuestión a veces me invita a dar dos pasos para atrás e inevitablemente alguien se me cruza en el camino. De los amigos que tengo, la opinión generalizada es que las mujeres somos las complicadas y yo aquí a veces me siento un macho, porque soy muy básica: dormir, comer, fomento al ego, sexo y lo demás es vanidad.

Ayer me hizo un chantaje telefónico. Y hoy ya estoy en modo reversa. Adicionalmente tengo un nuevo capricho con un acento irresistible, con tres problemas (esposa y dos hijos). Para variar, coworker, pero lo veo poco. También ayer, se acercó a la mesa a la hora de la comida y mientras les explicaba algo al resto de los comensales, puso su mano sobre mi hombro y de cuando en cuando apretaba los dedos.

Yo trataba de disimular porque justo enfrente estaba mi guíaespiritual y esa me conoce el pensamiento hasta cuando yo no sé qué estoy pensando. Volteaba y le miraba esa perfecta nariz.... brrrrr. Todavía no tengo la perfidia suficiente para que no me importen esas cosas. Además: aunque no lo vea diario, sí lo veo con cierta frecuencia.

En fin... hoy es la comida navideña. A ver qué...

Incompatibilidad de horarios

viernes, 3 de diciembre de 2010

Soy una planta de sol. Mi día perfecto es con mucha luz y un poco de calor. Cuando hace frío me enfermo irremediablemente, la piel se me pone horrible, la nariz roja y los ojos llorosos.
Sería perfecto poder vivir en una playa, con una huertita, gallinas y haciendo alguna cosa muy básica. Vivo muy cerca de mi trabajo para llegar caminando y evitar coches y tránsito. De no tener algún conflicto interno prefiero estar en casa. Soy enemiga de las emociones fuertes y la adrenalina: odio las montañas rusas y los juegos que abusan de la fuerza centrífuga, la gravedad y anexas. Detesto la sensación de ir en auto y circular por un declive pronunciado.

NECESITO un excusado por lo menos una vez al día y NO, no puedo hacer de aguilita en medio de un bosque. No puedo permanecer más de 24 horas sin lavarme el cabello y por ningún motivo prescindo de por lo menos 20 productos para higiene y belleza.

Mi idea de unas vacaciones perfectas es la de permanecer tirada en una playa y sentir el calor hasta que ni el bloqueador solar pueda con los rayos UV

En cuanto veo oscuridad quiero ir a mi casa y a mi cama. A dormir por supuesto...

Soy A-BU-RRI-DA

Y nuestro problema es que tú eres demasiado idealista y piensas que en algún momento de loquera puedo aceptar un viaje de más de 20 minutos en motocicleta. JA. Ya me vi. Me dolería la espalda, las rodillas y todo lo demás. Prefiero esperarte

Lo siento mi amor, pero soy de las que nunca se tiraría de un bungee, paracaidas o similar. Soy de las que llegan a la playa en avión y equipada con una maleta de productos para evitar irritaciones, mejorar el bronceado y espantar a los insectos.

Tú eres lo contrario. Puedes pasar días sin bañarte, te encanta la adrenalina y prefieres salir en la noche, como buen felino. Podrías hacer muchas cosas que te provocaran descargas tremendas de emociones. Prefieres dejar todo al último sólo por la sensación de aventura que te causa pelear contra el tiempo.

Pfffffffffffffffffffffffffffffffffffffff

¿En qué momento pensamos que era buena idea involucrarnos?

creo que no lo pensamos... ese fue el problema