Amores imposibles / El pasado se olvida fácil

lunes, 28 de enero de 2013

Uno tiene los momentos de introspección más importantes en los lugares menos esperados. Al menos así me sucede… Estaba en el baño de un restaurante, lavándome las manos; me ví en el espejo y lo pensé:
ÉL es mi verdadero amor imposible
Así de paradójico. Fuimos novios durante más de 6 años, vivimos uno compartiendo techo y después nos separamos. Después de un tiempecito, y de sacarme un par de espinitas que tenía clavadas en el ego, inevitablemente nos volvimos a buscar. Me buscó y no pude decir que no. Como un bicho atraído por el fuego, me dirigí hacia la imagen hipnótica.
Pero uno aprende de sus errores. A pesar de que me puede provocar lo mejor y lo peor esta vez me prometí que permanecería en mi lugar seguro. Por eso cada quien en su casa (y dios en la de todos). Ahora, aunque de repente me quiera ganar la emoción, la domino y la pongo en su lugar, porque ya se que él quiere demasiado de mí, cosa que no le puedo dar. Entonces mejor nos conformamos con vernos de a poquitos y sin remordimientos, así mejor.
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Vi a mi mejor amiga de la primaria, secundaria y prepa en el súper. Ya tiene dos hijas y esta casada por todas las de la ley. Para quien me haya conocido en ese entonces debe ser un poco impactante verme soltera, sin hijos, sin compromisos y haciendo lo que se me da la gana. Literal. Me rompo la cabeza pensando para qué pagaron tanto sus padres en su educación, si finalmente se iban a dedicar a ser amas de casa... pero en fin, ese dinero no salió de mi bolsa, entonces me da igual.
A otra de mis mejores amigas de esas épocas la he visto en un bar en el que trabaja su hermana, siempre me mira y yo finjo demencia. Nos distanciamos porque las habladurías acerca de mi persona en la universidad eran demasiadas... siempre he sido propensa a llevarme bien con el género masculino, más que con el femenino, y eso generalmente trae envidias, entonces las malas lenguas rumoraban que yo cambiaba de novio-amante, como cambiaba de calcetines... y lo peor fue que mi supuesta amiga ¡se lo creyó! e intentó darme un sermón de aquellos de lo que debían hacer las niñas bien...
La historia acabó en que me indigné y la mandé al demonio, con diez años de amistad de por medio. La lealtad no me parece negociable, sobre todo cuando había sido yo quien la había apoyado encima de todas las cosas.
Es curioso... con todas las promesas de bestfriendsforever escritas en cartitas, ni en facebook nos agregamos...

Uno escribe...

Dice Jorge F. Hernández en su libro "Escribo a ciegas" que:

Uno escribe porque sabe que alguien podrá leer lo escrito. Sin remitente fijo o con dirección intencionada, uno escribe para reflejarse en la página y abrir la posibilidad de que ese reflejo sea el espejo de otro. Al escribir, la callada ceremonia de ir juntando palabras sólo es escuchada por la propia pluma. Pero al leer, se recrean los sonidos y uno percibe la voz del escritor, porque escuchamos nuestra propia voz: el círculo se completa.

Y creo que este mecanismo se vuelve una necesidad que a ratos puede estar callada, pero que finalmente acaba por dominarle a uno... también decía (creo que García Márquez -o quizás Galeano-) que uno escribe para juntar sus piezas.

Y así me resulta indispensable la necesidad de escribir cada que tengo bruma emocional. Hoy es uno de esos días en los que siento un nudo marinero en el estómago por confiar en quien probablemente no debo, por creer que pueden cambiar las cosas y quizás no sea así.

Hoy me pregunto cuánto tiempo se necesita para cambiar, y no encuentro respuesta que me satisfaga... no quiero hacer algo de lo que me pueda arrepentir, pero no dejo de preguntarme ¿y si esto sigue igual?

Revisiones

martes, 8 de enero de 2013

Estaba revisando unos textos de cosas que escribí hace mucho y me sorprendió un episodio del cual había perdido por completo los detalles.

En ese momento tenía la cabeza llena de hormonas de felicidad y omití detalles importantes que podían hacer que el hecho sonara menos atractivo narrativamente, pero hasta ahora es que me di cuenta.

La escritora frustrada que vive en mi (y la optimista también) gustan de contar historias. Y esta ha sido la vía por la cuál me he descargado poco a poco.

Creo que este espacio va a tomar una nueva vida... y a partir de hoy va a tratar de descargas literarias, en donde

(léalo bien)
(digiéralo)


cualquier parecido con la realidad


ES MERA COINCIDENCIA


porsuatencióngracias

Narcisismos y megalomanías literarias

viernes, 7 de diciembre de 2012

Hace algunos días vi al escritor chileno Jorge Edwards en la FIL. Presentaba el primer tomo que escribe de memorias. A su provecta edad se puede jactar de miles de cosas, simplemente por haber vivido. Sin pena alguna comentó algunos de los episodios memorables de su vida, entre ellos su iniciación sexual y otras varias aventuras. La vouyerista literaria que hay en mi está muy tentada a pedirlo para el intercambio navideño... además de que encontré un fundamento para escribir ficción: siempre me ha gustado el cuento, pero aún no me terminan de gustar las cosas que escribo, por eso, mientras tanto siguen guardadas en algún oscuro rincón de mi disco duro. Edwards comentaba que le gusta pasearse entre la ficción y la memoria. Y me gustó lo que dijo porque como él, también pienso que escribir es liberador y entendí su postura de que hay que quitarse el pudor para escribir hace sólo unos meses cuando también descubrí que "la sinceridad es la más emponzoñada de las formas de escritura" (Edwards) porque ahí está uno, desnudo con sus vocales y sus consonantes, sin siquiera un cuerpo y una cara para poder hacer una mueca o fingir una expresión de que todo está bien. Las letras no mienten y tienen la cualidad de obligarle a uno a ser honesto. Tal cual. Y por eso los libros tienen la capacidad de interpelar al espacio más profundo del lector, a su conciencia, si es que la hay, a su interior, pues. Así, habrá que escribir